Tuesday, March 28, 2017

El primer europeo en avistar América fue un vikingo: Bjarni Herjólfsson

Ya he tratado en labrujulaverde.com temas relacionados con el asentamiento vikingo de L’Anse aux Meadows, un yacimiento arqueológico situado en el extremo norte de Terranova.

Excavado por el matrimonio de arqueólogos noruegos Helge y Anne Stine Ingstad en los años sesenta, el sitio que ya había sido ocupado con anterioridad por otras culturas fue reaprovechado por los vikingos, que lo habitaron antes de abandonarlo tres años más tarde.

Jorge Alvarez - labrujulaverde.com (*)

La crónica de ese efímero poblamiento, hoy protegido por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad, ya ha sido aceptada por los historiadores e incluso se ha vuelto bastante familiar.

Así, raro es el que no haya oído hablar de Erik Thorvaldsson, más conocido como Erik el Rojo, el primer vikingo en instalarse en un lugar ya conocido por los marinos pero virgen hasta el momento, Groenlandia, donde pasó tres años exiliado a causa de una acusación de asesinato que había contra él.

Al término de ese ostracismo regresó a su tierra natal, Islandia, y provechando que allí se estaba pasando una etapa de pobreza y hambruna, y ayudándose además de cierto engaño o verdad a medias (Groenlandia quiere decir Tierra verde, nombre que promete más de lo que realmente es), organizó una expedición colonizadora.

La colonia prosperó con él al mando y llegó a tener unos tres mil habitantes, pero una de las oleadas de nuevos emigrantes llevó una epidemia que diezmó a la población e incluso se llevó por delante al propio Erik.

El Libro de Flatey/Foto: dominio público en Wikimedia Commons
Su hijo Leif (a quien, por cierto, una dudosa leyenda atribuye la introducción del cristianismo en la civilización vikinga) resultó ser tan emprendedor como su padre y se convertiría en el primer europeo en pisar el continente americano, en una zona que él denominó Vinland.

La pregunta es ¿qué incitó a Leif a aquel viaje hacia occidente? Y la respuesta es un relato del comerciante y explorador llamado Bjarni Herjólfsson, que hablaba de un país al otro lado del océano, rico en salmones y pastos.

Herjólfsson nació en la localidad islandesa de Herjólfr, hijo de Bárdi y Thorgerdr Herjólfsson. Como muchos vikingos, al hacerse adulto llevó una vida de mercader viajero, lo que para aquella civilización era sinónimo de marino. Al parecer tenía su base en Noruega pero solía visitar a sus padres cada verano, aprovechando la bonanza meterológica de esa estación.

La saga Grœnlendinga (Saga de Groenlandeses), que se escribió en el siglo XIII como parte del manuscrito llamado Libro de Flatey, es la principal fuente historiográfica para saber cómo fue la aventura de Bjarni Herjólfsson, aunque, como todos los documentos de su tipo, mezcla dosis de realidad con otras de fantasía y, a veces, se hace difícil determinar dónde acaba una y empieza la otra.

El caso es que esa saga cuenta la colonización de Groenlandia por Erik el Rojo y el posterior viaje a Vinland de su hijo.

El barco, perdido en la niebla/Imagen: Ancient Code
Según ese texto, en el verano del año 986 d.C. Bjarni dejó Escandinavia en su barco para hacer la acostumbrada visita a sus progenitores, pero al llegar a Islandia resultó que no estaban: se habían ido a Groenlandia con Erik el Rojo. Sin dudarlo, Bjarni levó anclas, desplegó la vela y se lanzó a hacer la misma ruta para reunirse con ellos.

Lamentablemente, a pesar de que los vikingos eran espléndidos navegantes, carecían del instrumental que siglos después tuvieron los marinos para trazar rumbos con seguridad en condiciones adversas, así que no tenía coordenadas hacia las que dirigirse y sólo sabía que Erik el Rojo navegaba hacia el oeste. A ello hay que añadir que, tres días después de zarpar, el viento roló soplando en contra y una densa capa de niebla se aposentó sobre la superficie marina, haciendo imposible determinar la posición y llevando a la deriva a aquella cáscara de nuez (presumiblemente un knorr, el modelo que se usaba para los viajes comerciales, más grande y panzudo que los drakkars de guerra).

Así pasaron varios días y cuando por fin mejoraron las condiciones, algunas gaviotas sobrevolaban el barco anunciando la proximidad de tierra, cuyo esperanzador perfil se recortó en el horizonte. No obstante, algo no cuadraba. Algunos de los hombres habían estado en Groenlandia y aquel paisaje arbolado y montañoso no se parecía al helado donde se habían establecido los vikingos de Erik el Rojo.

Rutas vikingas por América/Imagen: Masae en Wikimedia Commons
Estaba claro que era otro sitio y parecía acogedor de cara a instalarse, pero Bjarni no quiso desembarcar; estaba ansioso por reunirse con sus padres y sus hombres tuvieron que contentarse con contemplar el sitio desde el mar mientras viraban hacia el norte y recorrían el litoral, perdiendo de vista la costa pero avistándola luego de nuevo hasta cuatro veces.

Al final consiguieron reencontrar el rumbo adecuado porque divisaron un barco varado en una playa que casualmente resultó ser el de Bárdi Herjólfsson, que se había establecido allí. Ya estaban en territorio groenlandés.

Bjarni decidió quedarse con él en la ciudad de Herjolsnes, dejando su actividad comercial para llevar la hacienda familiar. Por supuesto, informó de su descubrimiento pero nadie pareció mostrar demasiado interés en su relato hasta que llegó a oídos de Leif Erikson, el segundo vástago de Erik, que, como hemos visto, resolvió partir en busca de aquella misteriosa tierra atraído por la posibilidad de conseguir madera (muy escasa en Groenlandia) y además lo hizo, al parecer, en la misma nave que usó Bjarni con treinta y cinco tripulantes e instalándose en el citado poblado de L’Anse aux Meadows (hace poco se descubrió otro posible asentamiento en Point Rosee, al suroeste de Terranova).

Hoy, los investigadores creen que lo que vio Bjarni Herjólfsson seguramente fueron las actuales Terranova, Labrador e Isla de Baffin, lo que le convertiría, probablemente, en el primer europeo en avistar el Nuevo Mundo.


(*) Jorge Alvarez es Licenciado en Historia y diplomado en Archivística y Biblioteconomía. Fundador y director de la revista labrujulaverde.com

Encuentre más del mismo autor en labrujulaverde.com. Obra amparada con Lic. Creative Commons reconocimiento 4.0. 

Sunday, March 12, 2017

Texas: la América más americana


Tormentas de final del mundo, millonarios de sombreros de ala ancha y botas chúpame la punta, ganado “long horn”, tierra de armas y petróleo... No, no son los clichés de la América de las películas; es la realidad de Texas, el estado en el que “todo puede pasar”.

Autor: Manuel Pecino – chopperon.es (*)

Los que tienen la suerte de conocer Texas, lo que contaré a continuación les resultará familiar. A los demás, espero ser capaz de transmitiros las sensaciones que en mí ha dejado el viaje de poco más de 700 millas que hice hace unas semanas. No fueron muchos kilómetros, pero sí suficientes para engancharme a la tierra de la Estrella Solitaria. 




Con sus 696.241 km2 –(España 504.645) - es el segundo estado más grande de USA. Es, a su vez, el segundo más rico detrás de California y probablemente el más americano de todos, entendiendo por americano el cliché que en general tenemos de los “gringos”. Sí, vale, están los EEUU de los rascacielos de Nueva York o Chicago, o los de los Beach Boys o Silicon Valley de California, pero dejémonos de historias: la verdadera América es la de los vaqueros, la de los revólveres... la de John Wayne, vamos. Y esa América es Texas. 


He cogido carrerilla con la presentación y se me ha olvidado decirles, aunque si están leyendo esto creo que resulta obvio, que mi viaje fue en moto. No, no fui en Harley como supongo que la mayoría habrán imaginado, sino en una Triumph Thunderbird en su versión LT. Un nuevo modelo que la marca británica ha lanzado para el mercado americano. Esto no me lo ha dicho nadie, pero yo me atrevo a afirmarlo después de haber rodado con ella por las carreteras de Texas. 


La Thunderbird LT es probablemente la más americana de las motos no americanas; tanto por su look como por su tacto. Sí, está bien, igual que se ven Electras circulando por Europa también caben Thunderbirds en las viejas autopistas europeas. 

Por su comportamiento dinámico no habría ningún problema, pero mirad bien las fotos... sería como ver a un bisonte americano pastando en la dehesa extremeña. ¿O no? 

Gracias a la competente gestión de Triumph España, en Dallas me estaba esperando una flamante Thunderbird LT azul. El concesionario en el que debía recoger la moto estaba cerca del aeropuerto, por lo que aterrizando con casi tres horas de margen con respecto al cierre de la tienda no deberíamos -hablo en plural porque conmigo viajaba Antonio López, fotógrafo granadino “alineado” para dejar fehaciente constancia del “Texas trip”- tener problemas para llegar a tiempo... ¡Ja! El caso es que entre el clásico “siempre congestionado” control de inmigración y el posterior paso por la aduana controlada por un funcionario con cara de culo -me imagino que condición indispensable para acceder al puesto- salimos a la calle. 


El bus que nos debía llevar a recoger el coche de alquiler tardó un cuarto de hora en llegar, diez minutos más se fueron en el trayecto al área de los car rental y otros treinta en salir con el pu... coche del parking. Quedaba media hora para el teórico cierre de la tienda. Sabedores que nos estábamos jugando una posible cadena perpetua bajamos la Avenida George Bush -¿se podría llamar de otra manera?- a todo ra... Entramos la I-35 dirección norte y en un pis pas nos presentamos en el concesionario. 

Eran las 18.45, es decir, quince minutos para el cierre... si hubiese cerrado a las 19h, como nos habían dicho. Pero no. Como constaba claramente en la puerta del concesionario, el horario era de 10 a 18... ¡A la mierda! Todos nuestro planes se fueron así al carajo, porque la idea era recoger la moto y bajarnos directamente a Austin -3 horas de camino-. 

Decidimos quedarnos en el Motel Super 8 que estaba justo al lado de la tienda para estar a primera hora en la puerta. Pero como no hay mal que por bien no venga, nuestra no prevista estancia en Dallas nos sirvió para conocer algo de la “Dallas nightlife”. 

No, no creáis que hubo mucho “crimen”. El comienzo estuvo “emocionante” porque nada más bajarnos del coche en el centro de la ciudad, dos morenos muy mal encarados se acercaron y nos pidieron dinero para el tren... ¡Coño, aquí también!, pensé. La cara que pusieron cuando los despachamos con un seco “no” fue de serie de televisión. 

A todo esto, Antonio iba con una de sus cámaras colgadas a modo de turista. Estoy seguro que sólo nos salvó de mayores un coche de la policía aparcado veinte o treinta metros más allá. Eso sí, la presencia de la poli no fue impedimento para que la siguiente persona que se cruzara con nosotros nos ofreciese “algo especial” mientras pasaba a nuestro lado... ¡Joder con Dallas! 



El caso es que después de intentar encontrar sitio en un Hooters acabamos en el Hard Rock, donde nos metimos entre pecho y espalda una hamburguesa tamaño Texas mientras escuchábamos buena música en directo. 

Acabamos conociendo a un ranchero criador de “long horns” y al mánager de una de las bandas más míticas de Texas: ¡los Thunderbirds! Fue un buen rato en el Hard Rock. Incluso la banda, después de tocar, se sentó con nosotros y estuvimos charlando. Se mostraron muy interesados de si nos estaba gustando Texas. 

La mañana siguiente, antes de ir al concesionario de “marcas europeas”, entramos en uno de H-D que había al lado. “Pequeña” tienda que nos impresionó por tener en la exposición no menos de doscientas motos. 

“Amigo, estás en Texas”, nos dijo uno de los dependientes con una sonrisa. Sí, sí, a lo largo del viaje muchas veces tuve la sensación de que Texas es en los USA lo que Bilbao aquí en casa. ¿Nos entendemos, no? 

A las 10 en punto subió el cierre del concesionario Triumph y después de una fácil, rápida y extra amable gestión nos pusimos en marcha por la I-35 rumbo sur destino Austin, la capital administrativa de Texas. 

Por delante, tres horas de línea recta plana como un plato y con viento fuerte soplando con intensidad. Una perspectiva que me habría horrorizado hace sólo unos años, pero desde que he “aprendido” que ir en moto no es siempre gas y curvas, la idea del viaje me atraía. Especialmente sobre una moto pensada y diseñada para este tipo de escenarios. 



Como era esperado, la Thunderbird LT evidenció desde el primer momento ser la moto perfecta tanto desde el punto de vista dinámico como del estético, que en esta película es igual de importante. Porque no nos engañemos, mola que te miren, mola que tu “hierro” llame la atención, que los cocheros se queden mirando con cara de querer estar en tu pellejo. La Thunderbird es en este sentido una moto preciosa; no, no pasa desapercibida.

A lo mejor a los puristas tipo mi colega Barry o a Nacho Mahou igual les parece demasiado pintona, pero os puedo certificar que a los gringos les llamó muy mucho la atención. A los americanos de a pie les gustan las motos grandes y llamativas. Y como quiera que los tejanos son los más americanos de los americanos, la Thunderbird LT hizo furor. Dinámicamente sólo puedo valorar su comodidad y el tacto de su enorme twin en línea de 1.700 cc. Porque curvas, lo que se dice curvas, hice una o ninguna. 

Como me decían los lugareños cuando me quejaba de la falta de carreteras con un poco más de “esquinas”, “¡This is Texas!”. Alguno me comentó que hacia el oeste habían algunas carreteras llenas de curvas... Habrá que ir la próxima vez para ver si es verdad. Ah, se me olvidaba. También puedo certificar la estanqueidad de la Thunderbird, porque en el viaje de vuelta a Dallas me pillaron dos tormentas de proporciones tejanas. ¿Os acordáis de esos documentales de los tornados de Texas? Pues bien, faltó el embudo, pero del resto pillé de todo. El agua, más que caer, me azotaba; el viento movía la moto como si fuese un barco de papel; los rayos caían a diestro y siniestro, y durante un tiempo pensé que iba a caer fulminado en pleno Texas. La carretera, casi siempre de maldito hormigón, era una lámina brillante tipo El Salar ése de Bolivia que sale en todos los reportajes, y los enormes trailers se convirtieron en gigantescas duchas móviles... ¡Me cagué en todo mil veces!... 


En la segunda tormenta, unos treinta minutos después de terminar la primera, los rayos fueron sustituidos por granizo que me dejaron las piernas moradas. ¡Qué dolor! Sí, ya sé, podría haber parado... como de hecho hizo Antonio yendo en coche. Pero creo que los que vais en moto sabéis esa sensación que se apodera de uno tipo ¡por mis cojones! 

¿Que es una estupidez? Pues sí, probablemente sí, pero ya se sabe, los bikers nunca hemos sido demasiado racionales. Además, en este caso, no hay que olvidar que estaba en Texas, donde los hombres son hombres... Por lo demás, iba como un príncipe detrás de la pantalla de la Thunderbird. Eso sí, para no mojarme, para que la pantalla fuese efectiva, me vi obligado a ir “ligerito”. “No se te ocurra irte al suelo”, me iba diciendo mientras me mantenía en alerta ante cualquier amago de aquaplanning. Pero la Thunderbird, fiel compañera, me sacó de las dos tormentas avanzando a pistonadas con su enorme motor. Se creó así esa relación especial que nace cuando compartes con tu moto situaciones complicadas. No, la Thunderbird nunca será una moto más de las muchas que he probado. 



El hecho de tener que viajar en línea recta a los 65/70/75 millas reglamentarias hizo por un lado que el confort pasase a ser una de las características más importantes, mientras que por otro me permitió ir fijándome y prestando atención a lo que iba surgiendo al borde de la “highway”. Fue el caso de la granja con una pancarta casera en la que se pedía rezar por los soldados que están en misiones fuera de los Estados Unidos. En otra casa colgaba un clásico “God Saves” (Dios salva), que parecía el atrezzo de unas de esas películas que tantas veces hemos visto. Pero no, nada de película. América, la verdadera América es así: Dios, sus soldados, sus armas, su bandera... En el viaje de Dallas a Austin, éste bajo un sol perfecto, me dejé llevar por dos tentaciones. 


La primera, parar en Waco, nombre mítico por ser el escenario de uno de los suicidios colectivos más famosos de la historia. La segunda, parada para comer en un Hooters. Por si alguien no lo sabe, se trata de una cadena de restaurantes extremadamente popular en los USA en el que las camareras son chavalas generosamente dotadas por la naturaleza -o convenientemente corregida por algún cirujano plástico- embutidas en ropa probablemente dos tallas más pequeñas que las que les corresponderían. Un planteamiento inimaginable en Europa porque a nosotros a eso de ir a ver a jovencitas petadas no creo que le encontremos ninguna “emoción”. Y por otro lado, ¡¿os imagináis a las feministas?! Pero para bien o para mal, los USA no son Europa, y reincidiendo en lo dicho a lo largo de este reportaje, Texas representa los EEUU llevados a su máxima expresión. 




En Texas todo es “big”; es decir, grande. Las pick ups son los amos absolutos, hay locales de comida rápida en cada esquina, conseguir esquivar una dieta hipercalórica es casi imposible. Las armas, de cualquier tipo, son de fácil y libre acceso; las banderas de las barras y las estrellas y la de la estrella solitaria ondean prácticamente en cada casa... “This is Texas”. Y obviamente no faltan los típicos millonarios de sombrero vaquero de ala enorme, con sus botas chúpame la punta y enormes hebillas en la cintura como el caso de Red McCombs, uno de los inversores del macro proyecto COTA, siglas del complejo del Circuito de las Américas. Un macro proyecto de 400 millones de dólares totalmente privado. Y esto, en un entorno radicalmente capitalista como es el tejano, quiere decir que a esos 400 millones piensan sacarle mucho dinero. 




En los USA, especialmente en Texas, nada se hace por amor al arte. Allí la frase favorita es “show me the money”. También utilizan aquella otra que dice “no dinner for free”, es decir, nadie te invita a cenar a cambio de nada... Es el lado más “cruel” de América. Volviendo a Red McCombs, es el prototipo del millonario hecho a sí mismo. Nacido en un pueblo de mala muerte llamado Spurs, de vendedor de bolsas de cacahuetes pasó a convertirse en uno de los tipos más ricos de Texas... ¡donde hay muchos ricos! Red McCombs explicó que cuando decidió hacer COTA en “mi propiedad” reunió a la familia -sus tres hijas- para ponerlas al día que iba a invertir una buena parte de su fortuna en el circuito. “Una de ellas, la menor, me preguntó que por qué iba a arriesgar buena parte de mi dinero en una inversión de dudosa rentabilidad”, me contó el propio Red McCombs. 

“Yo le contesté que no iba a invertir mi dinero sino el suyo, que es por lo que las había convocado, porque mi dinero dentro de poco será suyo. Le dije que sabía lo que estaba haciendo. Yo las había llevado hasta donde están hoy en día, y yo sacaré rendimiento de esta inversión...” 


No, de verdad no es una frase de John Wayne de alguna película. Un tipo de grandes dimensiones, ya mayor, con su sombrero calado -no se lo quitan ni para comer en la mesa- Red McCombs aseguró que haría lo que fuese necesario para hace de COTA una inversión rentable. 


“Sé que a los que no sois de aquí probablemente os suene pretencioso lo que voy a decir a continuación, pero la realidad es la que es. Si hay un sitio en el que las cosas pueden suceder, es aquí. Porque es un “Can Do State” (un estado en el que las cosas se pueden hacer). 

Texas en 4 ciudades



Houston, San Antonio, Dallas y Austin son las cuatro grandes ciudades del estado de Texas, siendo esta última la más pequeña, a la vez que su capital administrativa. Las cuatro forman una especie de triángulo en el sureste del estado, en el que Dallas está más al norte, Houston más al sur y al este pegado al Golfo de Méjico, mientras que San Antonio es la más occidental de todas y la más cercana a la frontera con México. Austin se encuentra más o menos a mitad de camino de la distancia que une Dallas y San Antonio. 

Cada una de las cuatro ciudades tiene una característica y tiene un papel determinado en la estructura de Texas. Que por cierto, su origen es la palabra “thecas” que significa “amigo”. Se dice que este término proviene de la tribu Hasinai, habitantes en la región antes de la llegada del hombre blanco. 

Houston: Con sus dos millones largos de habitantes, es la más poblada de Texas y la cuarta de Estados Unidos. El oro negro es el amo absoluto de esta ciudad. Sede de las grandes y potentísimas compañías petrolíferas tejanas es una máquina inagotable de creación de trabajo. 

San Antonio: Alrededor de 1.500.000 personas viven en una urbe que es considerada en Texas y en el resto de los Estados Unidos una ciudad de compras y parques de atracciones. De éstos tiene hasta tres en su área metropolitana. De centros comerciales, infinitos. Algunos tan grandes que uno puede pasarse el día en ellos sin repetir tienda. Los precios en estos templos de las compras son extremadamente competitivos. 

Dallas: Poco más de un millón de habitantes tiene la ciudad de los grandes rancheros y enormes propiedades de cría de ganado. Son especialmente tejanos los espectaculares “long horns”. Reses que, como dice su propio nombre, llaman la atención por el desproporcionado tamaño de sus cuernos. Los sombreros de ala ancha, las botas y las hebillas son el “uniforme” diario de los habitantes de esta ciudad. 

Austin: Capital administrativa del estado, también lo es de la diversión. Tiene mucha vida nocturna que se mueve alrededor de los cientos de garitos con música en directo esparcidos por el down town. Es una ciudad muy viva. Se puede describir como la “Las Vegas” de Texas. 

Thunderbird LT, la Triumph más americana




La denominación Thunderbird es una denominación históricamente ligada a la marca Triumph, que la rescataba en 2009. Después de diferentes evoluciones en 2014 veía la luz su versión LT, la más americana de las motos de la marca británica. Porque la LT es una moto grande, como le gusta a los bikers al otro lado del Atlántico; grande de tamaño y grande en sus cifras: 1.700 cc, 15,4 kgm a 3.550 rpm, 94 CV a 5.400 rpm... ¿y el peso? Obviamente no es una moto ligera, pero según los ingenieros ingleses encargados del proyecto, con respecto a anteriores Thunderbird se ha revisado la geometría de dirección para mejorar precisamente su tacto a baja velocidad. 

La verdad es que no tengo opinión sobre la agilidad de la LT, porque a lo largo de mi viaje por Texas, lo más “redondo” que tomé fueron las salidas de las autopistas y las entradas a los estacionamientos de los hoteles. Sí puedo decir que a baja velocidad no hubo ningún momento de esos de “uy, uy...” 


Ergonómicamente, la Thunderbird LT es una moto extremadamente cómoda, sobre la que se pueden pasar horas sin que uno tenga la sensación de necesitar parar. Buen asiento con un mullido especialmente efectivo en su parte trasera y una distancia asiento/suelo perfecta para poder plantar los pies en el asfalto con confianza, algo muy importante en una moto de su tamaño. Cuenta con plataformas y unos curiosos reposapiés “para autopista”, como lo llaman los americanos. En mi caso, ¡casi no llegaba hasta ellos! Buena protección aerodinámica y buenos mandos, aunque en pleno atasco de hora punta en Austin con los ventiladores del bi en línea soplando como loco, me costaba encontrar el punto muerto. Aprovecho, el calor que sube hasta el piloto no es exagerado en estas situaciones; es perfectamente asumible. Los peros. 

El encargado del concesionario de Dallas que nos dio el briefing fue claro: es una moto sencilla en lo que a gadgets se refiere. Esto en la práctica quiere decir que no sabemos a qué revoluciones gira el motor, qué marcha llevamos engranada o a qué temperatura va el agua. Personalmente son tres detalles que sí me gustaría tener bajo control, especialmente porque estamos hablando de una moto destinada a gente bastante “pija”. 




También me habría gustado, pero eso ya porque soy un poco macarra, que el escape estuviese más abierto para poder escuchar empujar los dos enormes pistones del big twin... Me imagino que eso lo pueden “solucionar” los futuros propietarios de las LT. En cuanto a la estética, las fotos hablan por sí solas. La moto no es bonita, es lo siguiente. Y entre la versión en burdeos y la azul, me quedo claramente con esta última. No, la Thunderbird no pasó desapercibida en ningún lugar en la que paró. En Hooters la puse al lado de un grupo de Harleys que estaban aparcadas en la entrada. Sentado desde dentro, vi como a la hora de irse la rodearon y la estuvieron comentando... Les moló.


Viaje por Texas con Manuel Pecino manejando una Thunderbird LT




(*) Encuentre más del mismo autor en chopperon.es/index.php
Fotos: Antonio López.
Esta obra está amparada con licencia Creative Commons reconocimiento 4.0.

Wednesday, March 1, 2017

Los Wi-Fi café de Houston y todo el mundo en una App

Aunque en nuestro país posiblemente contamos con la internet suficiente en nuestro plan de datos, es muy seguro que encontraremos dificultades de conexión al viajar.



Aunque las conexiones móviles ya están a día de hoy tan extendidas que pocas veces necesitamos echar mano a redes Wi-Fi en el día a día, lo cierto es que sigue siendo una herramienta genial en movilidad y, sobre todo, para trabajar fuera de nuestro puesto de trabajo, de nuestra casa o, simplemente, para tener acceso a Internet cuando nos quedamos sin tarifa de datos o estamos viajando por el extranjero sin planes de datos en itinerancia.

En este sentido, las cafeterías son un lugar magnífico para trabajar si disponen de buena conexión, y también un lugar perfecto para hacer una parada en nuestros viajes por el extranjero y beneficiarnos de esa conexión para ver cómo van las cosas por casa. Por ello, y al igual que hicieron los usuarios con los aeropuertos, ahora han elaborado una lista (colaborativa además) interactiva en la que están listando todas las cafeterías con WiFi del mundo que disponen de una conexión a Internet para trabajar: Café WiFi.

Como vemos, todavía faltan muchos locales, pero poco a poco irán añadiendo todas esas cafeterías favoritas que disponen de buena conexión a Internet. 

Café WiFi es una de esas webs perfectas para tener siempre a mano, sobre todo si viajamos asiduamente.

Fuente: laflecha.net e hipertextual.com.